Más tarde esa noche, llamaron a su puerta.
—Servicio al cuarto —dijo alguien a través de la puerta.
Julien le dio un último beso en la cama, sonriendo contra sus labios.
—Pensé que podríamos cenar esta noche.
Lacey se rió. —Piensas en todo, ¿no?
Se encogió de hombros.
—Lo intento. —Luego se levantó de la cama y se puso una bata—. Quédate aquí. No quiero que nadie vea lo que es mío.
Lacey yacía desnuda en la cama, estirándose, contenta de estar en casa y en su propia cama con Jul