Punto de vista de Laila
Jason y yo, abrazados, nos perdimos del resto del mundo durante unos segundos. Todo el miedo y la preocupación que se habían acumulado en mi interior desde el incendio se desvanecían lentamente mientras hallaba un nuevo consuelo en la presencia de Jason. Él ya estaba aquí. No me encontraba sola.
—¿De verdad estabas en una celda? —susurré.
—Sí, pero hablaremos de eso más tarde —respondió—. ¿Cómo estás? ¿Te lastimó?
—No estoy herida —le dije—. Estoy bien.
Me peinó el cabel