Mundo ficciónIniciar sesión—Buenos días —saludaron. Aunque para esa hora ya debían ser las doce del medio día.
—Buenos días —saludamos.
Rousse se levantó del mueble y corrió a abrazar a Marcela y se fundieron en un largo arrunche.
—¡Ay… amiga! —soltó Marcela—, ¡qué rabia que seas así conmigo!
—¡Lo siento, lo siento! —chilló Rousse con tono lasti







