69. Bienvenida a Alemania
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Gabriel se desplomó en el sillón de su oficina, sus ojos ardían por las noches en vela, pero no podía detenerse. Llevaba días al borde de la extenuación, coordinando equipos de rescate, revisando reportes interminables y buscando cualquier indicio de los sobrevivientes del accidente.
—Señor Seraphiel, debería descansar un poco —le dijo su asistente, dejándole una taza de café en el escritorio.
—No tengo tiempo para eso —respondió él sin mirarla, pasando rápidamente las páginas de un inform