35. No tiene nada que ver con... eso
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Gabriel
El sonido de los tacones de Jessica resonaba detrás de mí mientras seguía a Zaira por el pasillo. Ignoré sus palabras, su tono, y me concentré únicamente en la figura de Zaira, que caminaba rápido, casi huyendo.
—¡Gabriel! —insistió Jessica, pero no me detuve.
—Ahora no, Jessica —le advertí, con la voz baja, pero firme. Ella no volteó, solo apretó el paso, hasta que finalmente alcanzó las escaleras que llevaban a la planta baja.
—Ya es tarde, debo irme —dijo Zaira sin mirarme, mientr