34. No hay nada de que hablar
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Gabriel
Luego de salir del despacho fui a la cocina y me encontré a Frederic comiendo, algo que me molestó más de lo habitual. Su comida debería ser solo para mí.
Bufé molesto por lo irracionalmente posesivo que me sentía con ella.
—¿Dónde está ella? —pregunté, y Frederic levantó la vista. Sabía perfectamente a quién me refería.
—Le llevó comida al joven amo —respondió lentamente, como si temiera mi reacción—. Maestro Gabriel… ella…
No le di tiempo de continuar. Me giré y subí las escal