GIANNA
Era un día «normal y corriente». De nuevo, me desperté en la misma cama que este hombre, por completo vestida, y apenas me moví él despertó. Sus ejercicios, mi desayuno, el trabajo… todo como debería ser, hasta que, por ahí las diez de la mañana, alguien tocó a la puerta.
Al ver a la Princesa Laurice, bueno, al escucharla… no pude seguir con mis labores.
—Quiero pedir tu permiso para quedarme en el Palacio por una temporada, y también deseo asumir algunas de las responsabilidades que me