Dominic se detuvo frente a la niñera de Arthur antes de cruzar el umbral del edificio. El sol de San Francisco brillaba, pero el viento de la bahía ya empezaba a sentirse fresco.
—Quédense en el parque de enfrente —ordenó Dominic, ajustándose el reloj—. Si el clima cambia o empiezo a demorar mucho, entren a uno de los restaurantes. Cualquier emergencia, llámenme de inmediato.
—Papá, yo quiero estar en la junta —protestó Arthur, cruzándose de brazos.
—No puedes, campeón. Esta reunión no es apta