Kira Petrova
Todo mi cuerpo es un manojo de nervios; las palabras de Dmitry están causando un gran efecto en mí y no sé cómo evitarlo.
—Tengo entendido que las esposas tienen más valor que una musa, ¿no es ese tu caso?
—Lo único que necesitas saber es que te respetaré, Kira. No miento en lo que te digo; es cierto que no nos conocemos a la perfección, pero algo dentro de mí me dice que eres la indicada.
—¿La indicada? ¿De qué hablas?
—No te preocupes, son cosas mías —sonríe—. ¿Estamos bien?