Norman Stone
—¡Rayos! —Me quejo cuando la luz que entra por la ventana de cristal me encandila los ojos. Tardo un poco en acostumbrarme a la claridad antes de abrirlos por completo.
Maldigo por no haber cerrado las cortinas anoche. Es tardísimo y me dormí más de la cuenta.
Palpo al otro costado de la cama y suspiro al notar que ya está vacío. Un nudo se me forma en la garganta al recordar la cara de Dora cuando Beatriz vino. Aunque no me haya dicho nada, su actitud ensimismada e indiferente en