Gideon estaba justo a mi lado otra vez, su atractivo rostro a centímetros del mío, y no se veía feliz.
—Explícate —soltó entre dientes apretados.
—Eh… —tartamudeé. ¿Por qué tenía que estar invadiendo todo mi espacio?—. Está bien. ¿Por qué quisiste venir a Luna de Plata hoy?
Gideon exhaló lentamente, pero accedió a la pregunta.
—Porque hay células de renegados incrustadas en el bosque alrededor del territorio de tu manada y ellos se niegan a hacer algo al respecto.
—Oh… —dije con voz pequeña