Capítulo 257
Por supuesto, no tocaría nada de eso. No solo porque el alcohol era malo para el embarazo, sino porque podría estar envenenado. Me senté, pero no tomé la cuchara, a pesar de que el estofado en verdad se veía y olía muy bien.

—¿No vas a comer? —preguntó el Rey Renegado, ladeando la cabeza. Él ya había comenzado a devorar su estofado con un entusiasmo inesperado.

Me apoyé en el respaldo de mi silla y crucé las piernas.

—No.

Él soltó una risita, luego se puso de pie y rodeó la mesa. Observé có
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