—Sabes que te haré trabajar hasta que mueras —dijo con voz baja, para que no la escucharan los guerreros apostados como guardias—. Llevo al cachorro de Gideon y, una vez que dé a luz, a él no le importará en lo absoluto lo que pase contigo.
Hice todo lo posible por ignorarla mientras me ponía de pie con la ayuda del pasamanos. Sabía que ella solo estaba aquí para regodearse, para presumir que tenía lo que yo no: el favor de Gideon y al futuro heredero.
—Oh, qué asco, estás sangrando por todas