Narrado por Luisa
Escuché un clic de la cerradura, la señal de que Dominic ya había logrado abrir la puerta.
A pesar de que ya habían pasado minutos desde su crisis de celos enfermizos, aún veía en sus ojos cierta rabia. Por eso, me mantuve callada mientras me cargaba en sus brazos entre los pasillos de la mansión hasta esa puerta.
Aún recordaba con claridad su regla ridícula, dicha el día que descubrí que estaba atrapada en esta maldita mansión: la de que no podía acercarme a habitaciones cerr