Cuando sacó el collar hecho de granates en un tono azul claro de dentro de la caja, Isabella prácticamente abrió los ojos de par en par, antes de mirarme dolida.
— Muchas gracias. — Me agradeció con una sonrisa genuina, apretando el collar entre sus dedos con cariño. — Lo he amado con todo mi corazón, Señora Rossi.
Su expresión feliz y palabras genuinas llenas de alegría me fueron muy tiernas. La manera en que actuaba, sin tener intención maliciosa o un lado cruel, me recordaba a una niña inoce