Ardía como el infierno, pero era tan caliente que me envió una corriente de excitación al lugar menos probable.
— Inténtalo de nuevo, mi ángel. — Insistió volviendo a acariciar mi cabeza.
Sus acciones contradictorias me quebraron de dentro hacia fuera. Ya no sabía de qué demonios hablaba Dominic.
Estaba en una espiral tan fuerte de frustración, excitación, rabia y deseo, que las lágrimas fluyeron de mis ojos libremente.
— No lo sé. — Sollocé desistiendo.
No sabía dónde demonios quería llegar. A