— Eso fue antes de que intentaras matarme, desgraciada. — Su odio era palpable.
— No seas rencoroso. — Se quejó con una expresión irritada. — No es como si hubieras conseguido matarme o siquiera causarme un daño grave como para estar quejándote de eso todo el tiempo. — Dijo enfadada, como si estuviera siendo injusticiada.
— No me mataste ni me causaste daños porque no encontraste una oportunidad. — Dijo frío. — Pero el resultado no cambia la intención de tus acciones.
— ¿Sabes qué? Ya no tengo