Karina
¡Siempre quieren tener el control!
¡Ninguno de ellos quiere escucharme jamás!
Abrí de golpe la puerta principal, contemplando el enorme edificio con sus largas escaleras de caracol que conducían hasta mi habitación y la de Atlas. Cerré la puerta detrás de mí de un portazo y arrojé mis tacones al suelo mientras avanzaba descalza por el interior, ignorando las miradas de las sirvientas. Subí las escaleras, aferrándome al pasamanos mientras aceleraba el paso.
Justo en ese momento, la puerta