Atlas
Para cuando Pedro regresó con los sanadores, yo estaba en la cama con su cabeza sobre mis muslos.
—Alpha.
Dos hombres entraron, tomando el control de la situación mientras yo me hacía a un lado. Sostuvieron su cabeza y la estabilizaron en la cama.
Seguía sin moverse. —Alpha, ¿por qué no salimos y dejamos que los sanadores hagan su trabajo? —Dijo Pedro, empujando la puerta y urgiéndome a salir, pero simplemente no podía, no hasta ver alguna mejoría.
—No, quiero ver qué están haciendo.
Ambo