Contaba las semanas de la forma en que había aprendido a contar todo en esta vida: en silencio, con precisión, sin dejar que el conteo se notara en su rostro.
Catorce semanas.
Se puso de lado frente al largo espejo de su vestidor y miró la evidencia de esas catorce semanas con los sentimientos encontrados de una mujer que entendía tanto lo que significaba como lo que complicaba.
El abultamiento era ya inconfundible.
Lo había estado manejando con ropa superpuesta y el arte particular de pararse