MORDIENDO EL ANZUELO

Aprieta sus manos y entra sin pedir permiso, al ver a Eliana encima de él besándolo, los nervios se le convirtieron en ira, Nikola sonríe de forma burlesca al verle su carita roja.

—Dile a tu perra que espere afuera.

—Oye, yo no soy ninguna perra, soy su mujer.

—Para tu carreta un momento, te pondré clara, tú no eres mi mujer, nos divertíamos, eso es todo.

—Pero Nikola, me entregué a ti, fuiste el primer hombre en mi vida.

—No, no, chiquita, tú ya estás más usadas que las llantas de mi camionet
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