BARRIO DE CHICAGO.
—Hola tía, vengo con un hambre horrible, ¿hiciste comida?
—Sí, te guardé desayuno.
¿Para dónde saliste tan temprano?
—Estaba buscando trabajo.
—¡Gloria a Dios! Por fin entraste en razón, ¿conseguiste?
—Tía sólo fui a entregar papeles, después me llamarán.
—Espero que te llamen, ya no tenemos para comer, los reales no me alcanzan.
—Ya vas a comenzar con tu cantaleta, aún no me han dado el trabajo y ya me estás pidiendo dinero.
—