A pesar del cansancio, su presencia irradiaba poder. Caminaba con esa elegancia innata.
Ethan se detuvo, miró las rosas destrozadas en el suelo, luego miró a Julian, despeinado y sostenido por el guardia, y finalmente sus ojos grises se cruzaron con los de su enemigo.
Julian, al verlo, sintió que la