Se inclinó levemente hacia él, su mirada fulminante.
—Lo siento, pero no quiero tener nada que ver con mi exmarido. Solo pensarlo… me repugna.
Las palabras de Celeste encendieron la furia de Caleb.
—¡Celeste Darrow, no me provoques! ¡No sabes de lo que soy capaz! —rugió.
Celeste sonrió, serena y desafiante.
—Entonces inténtalo, bastardo —dijo con una calma venenosa.
Y con una elegancia que lo desarmó, dio media vuelta y se alejó, la falda roja ondeando detrás de ella como una llama.