—Bueno —dijo Celeste con una sonrisa—, si tú y tus amigos vuelven, pueden hacer lo que quieran aquí. El estándar de compensación será el mismo que el que establecimos hoy. Todos los gastos correrán por tu cuenta y la de tus amigos.
Al oír eso, algunos clientes comenzaron a burlarse de ellos.
—¡Gracias por tu generosidad! —dijo uno riendo—. Gerente, por favor, llámeme si vuelven otra vez.
—¡Tiene razón! —añadió otro cliente—. Gerente, le dejaré mi número de teléfono. Por favor, avíseme si reg