MÍA
—Tienes que detenerte, Basil —mi voz suena como un eco irracional en medio de las paredes de la habitación—. Me duele.
Lo hace, Basil no se ha detenido, me ha estado follando desde que me desperté, me folla en posiciones que jamás creí posible que experimentaría, me folla como si se le estuviera acabando el tiempo para algo, estoy agotada, adolorida, el sexo no era parte del trato y él lo sabe, el problema es que me hace tocar los orgasmos más salvajes que me dejan sin aliento y sin fuerza