MÍA
Las alarmas en mi cabeza me gritan que salga corriendo del auto, cada terminación nerviosa de mi cuerpo me provoca un cosquilleo que parece interminable, estar dentro de un auto con una mujer que me quiere ver muerta, no ayuda en nada, mucho menos el que Portia no me quite los ojos de encima.
—¿Por qué me miras tanto? —rompo el silencio, cansada de tener sus ojos asesinos clavándose en mi pecho como espadas con veneno.
—Trato de descifrar qué es lo que Basil ve en ti.
—Entonces aceptas q