MÍA
Siento que todo mi cuerpo se estremece, he pasado toda la noche dejando que Basil me folle, no se detiene, nunca es suficiente para él. Mi coño y culo están adoloridos, y ahora, me encuentro con el pecho aplastado contra las baldosas del baño, mientras él empuja en mi interior.
—Ay —jadeo.
—Eres tan adictiva —empuje—. Tan malditamente mía.
Sus embestidas son rápidas y profundas, hasta que suelta su derrame en mi interior, el agua caliente de la regadera cae sobre nuestros cuerpos. Rodea m