Tyler
Aquella mañana, un nuevo resplandor iluminó nuestro dormitorio. Los llantos furiosos del pequeño bebé acurrucado en el regazo de Kayla nos dieron una idea de cómo volverían a cambiar nuestras vidas.
Se puso de parto a las cuatro de la tarde, y solo consiguió traer al mundo a nuestro pequeño heredero doce horas después.
Hacía mucho tiempo que no sentía tanta angustia. Verla sufrir era lo peor para mí, aunque esta vez el motivo fuera noble.
Kayla era más fuerte de lo que yo había sido nunca