POV de Alina
No podía dormir esa noche. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de Maya… no el de las noticias, sino el de mis recuerdos. Maya a los ocho años, llorando en la oscuridad porque mamá se había ido. Maya a los trece, robando maquillaje de la farmacia porque quería verse bonita y no podíamos permitírnoslo. Maya a los dieciocho, abrazándome fuerte el día de su graduación y susurrando: «No podría haberlo hecho sin ti».
¿Cuándo dejamos de ser hermanas?
El reloj de la mesita de n