Los dedos del hombre recorrían mi piel. Esa sensación era tan extraña que me dejaba algo confundida, incapaz de decir siquiera una palabra con claridad. Solo pude bajar mi cabeza y solté un gemido ahogado, mirándole con los ojos llenos de lágrimas.
Sin embargo, el efecto de la pastilla ha llegado al extremo. Con los toques del hombre, mis deseos iban aumentando cada vez más, tan intenso que quería derretirme entre sus manos.
Aunque quería resistirme en mi mente, pero el efecto de la pastilla tom