—¿Por qué no querías contarme sobre esto?
Los pasos de Adina se acercaron a Jada, y ella tenía una mirada imperiosa.
Jada miró hacia abajo.
—Cuando viniste por primera vez a quedarte con nuestra familia, tenías pesadillas todas las noches. Murmuraste en sueños: “No le hagas daño a mi bebé...” Pensé que tú y tu bebé estaban siendo cazados y que terminaste saltando al mar. Las olas te arrastraron a la orilla y sobreviviste, pero no creo que tu hijo haya tenido la misma suerte... Adeena, no q