Adina agarró las manos temblorosas de Duke y le dijo con una sonrisa. "Solo es sangre. Estoy bien. Estaré bien después de que me pongan una venda en el hospital".
Duke la cargó y se dirigió al hospital.
El médico le lavó la sangre de la cara y observó sus dos heridas, una en la izquierda y otra en la derecha. Medían unos dos centímetros de largo.
Adina se dio cuenta de lo afligido y arrepentido que se veía Duke. “Tú tienes una cicatriz en la cara y yo tengo dos. Ninguno de los dos puede dis