Este viejo proyecto había sido reactivado porque habían contratado a un diseñador de chips que se rumoreaba que era excepcional.
Pero el señor García no veía a una persona legendaria.
Había conocido a la señorita Daugherty, de la Corporación Tecnológica La Estrella, en dos ocasiones. Era guapísima y también parecía segura de sí misma.
Sin embargo, no se podían obtener resultados solo con la confianza de establecer un programa informático de programación.
El señor García no quería perder su t