Cuando entraron, allí estaba Brooklyn, con un aspecto noble y hermoso. Llevaba un traje blanco y un ramo de rosas blancas en la mano.
Miró a Melody con cariño y sus ojos parecían ligeramente nerviosos.
—¡Cariño, bienvenido de nuevo!
—Brooklyn, tú... —Melody se quedó de piedra. No esperaba recibir semejante sorpresa. ¿No era muy alta y grandiosa?
Al notar su confusión, Brooklyn le explicó tímidamente:
—Estaba enfadada contigo y por eso no te despedí. Me arrepentí durante mucho tiempo.