Adeena cerró la puerta del coche de golpe antes de caminar rápidamente hacia la chica.
Cuando la niña escuchó el sonido, se dio la vuelta. Sus grandes ojos negros brillaban intensamente, reflejando la figura de Adina.
—Señorita, ¿sabe cómo llegar al orfanato Sol Dorado?
La voz de la chica era suave. Era dulce pero no grasoso, como el dulce de leche más dulce que se mojó en salsa de chocolate por un tiempo.
El corazón de Adina se derritió instantáneamente. Se puso en cuclillas y dijo con