Sin embargo, la madre de Hernán no le hizo caso y no fue hasta que el mayordomo la llevó en un automóvil lujoso cuando dejaba de insultarme.
Yo, cansada de darle las explicaciones, me sentía agotada.
El estado de ánimo de Hernán me dio pena, pero al mismo tiempo guardaba cierto resentimiento hacia él por lo sucedido. Él temblaba y dijo con su voz ronca:
—Luna, te prometo que nunca va a suceder algo así.
Siento molestar a todos con ese escándalo. Fue culpa de mi madre y pido disculpas en su nomb