Me persuadió pacientemente durante mucho tiempo, y cada palabra me tranquilizó, consolándome para que me echara a reír y dejara de pensar en lo que sucedió anoche.
—Martín, ¿has recibido el regalo de cumpleaños que te envié?
—Sí, te llamaré tan pronto como lo recibí. Tú lo hiciste misma, es muy hermoso y a mí me gusta mucho. —La voz de Martín era profunda y ronca, y su rostro se animó.
—Sí, hice dos tazas, la de azul oscuro es para tí y el azul claro, para mí. ¿Ves a esas dos personitas?, la