ANASTASIA
Me congelo por completo, no puedo creer lo que leo, las manos me tiemblan y por un segundo el móvil se cae al suelo, no respiro, he olvidado como hacerlo, vale, una cosa es no querer volverlo a ver, metafóricamente hablando, pero otra muy distinta es que se haga realidad o que le desee algún mal. No es así, no es de ese modo. Al principio no sé cómo reaccionar, hasta que Lizabetha suelta una carcajada nivel Dios.
—¡Lo sabía! —exclama llena de euforia—. Todavía te interesa.
Trato de