Elena narrando
Finalmente terminamos de deshacer las maletas. Aún eran las 11:00, así que nos pusimos los trajes de baño y nos fuimos a la playa.
El camino hasta la arena era corto. Se podía sentir la brisa salada en el rostro y oír el sonido de las olas rompiendo allá lejos. El cielo estaba azul, sin una nube.
Al llegar, pedimos unas mesas al dueño de un quiosco. El hombre, moreno, de sonrisa fácil, juntó cuatro mesas para nosotros y además trajo una sombrilla grande.
— ¿Turistas? — preguntó,