47. LA FLOR DE SANGRE
ELLA
Sacaba la daga de la cabeza de una criatura deforme y con colmillos; limpie la punta de la daga contra el largo del vestido y lo enfunde bajo mi brazo.
Estábamos en las orillas del territorio, mire al suelo todos los cuerpos que había apilado a mis pies, algunos sin cabeza o extremidades. Pude sentir el fresco de una toalla mojada en mi mejilla y gire para ver a Ragnar; estaba desnudo y ensangrentado. Me instó a tomar la toalla húmeda para limpiarme la sangre del rostro.
-¿Y tú?. - susurre