Las luces del estudio eran más cálidas de lo que esperaba.
No eran intensas. No deslumbraban. Simplemente lo suficientemente suaves como para que todo pareciera deliberado, controlado, como si nada existiera fuera del espacio que iluminaban. El tipo de ambiente donde las palabras no se escapaban accidentalmente. Estaban colocadas. Medidas. Grabadas.
Permanentes.
Me senté frente a la entrevistadora, con las manos apoyadas relajadamente en mi regazo, la postura recta pero no rígida. La silla era