Mi madre no dejó que el silencio se prolongara mucho.
Se apartó de la ventana lentamente, con una expresión demasiado serena, demasiado deliberada. Esa siempre era la señal de alerta. Willow Grant nunca atacaba cuando estaba emocionada; atacaba cuando estaba tranquila.
"¿Cuándo fue la última vez que viste a Ella?", preguntó.
Exhalé por la nariz, ya cansado. "Hace unos días".
Sus cejas se alzaron ligeramente. "¿Y?"
"Se quedó a dormir".
Algo agudo brilló en sus ojos. "Se quedó a dormir", repitió.