Cómo había ordenado el Ruso, Sara se encargó de preparar la ducha, y estaba lista para limpiar mis heridas del cuerpo, esperaba poder hablar con ese hombre extraño pero al notar que Sara había extendido la ropa para dormir sobre la cama me quedo claro que el día estaría terminado, jamás me hubiera imaginado que la seda fuera una tela tan ligera y agradable, aquella pijama de un hombre largo y unos shorts se sentían tan cómodos que no podía creerlo.
—¿Está habitación es de él, verdad?—Dije mien