Me moví sobre la cama estirándome y ajena a todo el desastre que había en el palacio. Y aunque el amanecer no trajo luz sino una tormenta de nieve prematura que golpeó los ventanales con una furia gélida, me sentí en casa. Era como si el propio Norte hubiera descendido para reclamar la capital sureña, sincronizado con sus embajadores: Nosotros.
Me desperté y vi a Fenrir durmiendo del otro lado de la cama, siendo abrazado por su padre. Besé su ancha y marcada espalda, bajé mis manos hasta tocar