El doctor Stanley cerró la puerta de su consultorio con un delicado y suave clic.
Sebastian estaba sentado en la silla negra frente a la del doctor.
—Señor Castellano —respiró el doctor antes de rodear la mesa y sentarse, enfrentando a Sebastian, quien parecía querer salir del consultorio lo antes posible.
El doctor Stanley se acomodó en su silla antes de mirar de nuevo a Sebastian.
—Debo aconsejarle en contra de su solicitud —comenzó, con voz profesional y firme.
Pero Sebastian no respondió; s