Con aquella voz peligrosa, Nathan se acerca a ellos y les dice.
—¿Qué están haciendo aquí? —Mía se gira para verlo y salta de su silla, corre hacia él y se cuelga de su cuello.
—¡Amor, viniste a comer! Que lindo eres… —le estampa un beso de esos que lo reinician y toda esa furia que sentía hace un segundo se queda lejos—. Preparo la mesa en el comedor enseguida y…
—No, está bien aquí, creo que estabas hablando con Steven —por supuesto que fulmina con la mirada al doctor, pero este ni se inmu