—Yo no estoy enferma…
—No tiene caso que lo niegues, sé que tienes problemas con la comida, mi amor y no te juzgo por eso, sólo quiero ayudarte.
Mía se incorpora rápidamente para escaparse, pero Nathan se aferra a ella, la abraza para protegerla entre sus brazos, mientras ella lucha para que la suelte.
—¡Suéltame! ¡No quiero estar aquí! —grita, sin dejar de lanzar patadas y manotazos al aire.
—No te soltaré, jamás… —le susurra Nathan al oído.
—Déjame ir… por favor, yo… déjame ir —Mía comie