Mía abre los ojos, ve la hora del reloj en la mesita y salta de la cama, se ha quedado dormida, con todo lo que debe hacer. Se quita el pijama y una mano la atrae a la cama, había olvidado que pasó la noche con Nathan y ahora él no la dejaba vestirse.
—¿A dónde vas? —murmura somnoliento—. Es muy temprano.
—Tengo que trabajar, Nathan, hay cosas por hacer, ayer dejé que Dalia y Giovanna trabajaran solas porque me sentía mal —se zafa de los brazos cálidos de Nathan y comienza a vestirse a la vel