Un momento de pasión.
Eiza
Esta mañana lo noté, como otras veces en los últimos días, con el ceño fruncido mientras se vestía. Suspiros silenciosos llenaban la habitación, como si quisiera expulsar una carga que yo aún no lograba descifrar. Me acerqué por detrás, rodeando su cintura con mis brazos, mis ojos encontrándose con los suyos a través del espejo.
—¿Qué tienes? —pregunté suavemente, con esa necesidad de saber qué lo estaba agobiando.
Él hizo una pausa, como si considerara si debía hablar o seguir guardando